Una piscina bien cuidada se nota a simple vista: agua transparente, sin olor fuerte a cloro y sin esa capa verdosa que aparece de un día para otro. Lograrlo no requiere ser experto, sino mantener una rutina simple durante los meses de calor.
Controla el pH y el cloro cada semana
El pH ideal está entre 7,2 y 7,6. Si sube demasiado, el cloro pierde efecto y el agua se enturbia; si baja, irrita los ojos y daña los equipos. Mide con un kit de tiras o gotas al menos una vez por semana y ajusta según corresponda. El cloro libre debería mantenerse entre 1 y 3 ppm.
Limpia el skimmer y el fondo
Hojas, insectos y polvo cargan el sistema de filtrado. Vacía la canastilla del skimmer un par de veces por semana y pasa el barrefondo para retirar la suciedad que se deposita. Una piscina limpia exige menos químicos y menos horas de bomba.
Haz correr la bomba lo suficiente
En pleno verano la bomba debería funcionar varias horas al día para que todo el volumen de agua pase por el filtro. Con altas temperaturas y mucho uso, conviene aumentar las horas: el agua quieta es el mejor aliado de las algas.
Aplica cloro de choque cuando haga falta
Después de una fiesta, un día de mucho calor o una lluvia, el agua puede quedar saturada. Un cloro de choque (supercloración) por la tarde, con la bomba andando, devuelve el equilibrio. A la mañana siguiente vuelve a medir antes de bañarte.
Si no tienes tiempo para la rutina o el agua se te complica una y otra vez, un servicio de mantención periódica mantiene la piscina lista todo el verano sin que tengas que preocuparte.
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